
Este primer día de la semana, cristianos en todo el mundo se están reuniendo para adorar al solo Dios verdadero, el Dios del cielo y de la tierra, el Dios quien envió su solo Hijo a este mundo pecaminoso para que redimiera a los que Lo siguieran. Como cristiano, yo celebro cada domingo como un día santo, un día para recordar la muerte y resurrección de Cristo hasta que regrese. Favor de leer y considerar las palabras inspiradas del salmo CXIII:
¡Aleluya! Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor desde ahora y para siempre.
Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
Excelso sobre todas las naciones es el Señor; su gloria está sobre los cielos.
¿Quién es como el Señor nuestro Dios, que está sentado en las alturas,
que se humilla para mirar lo que hay en el cielo y en la tierra?
El levanta al pobre del polvo, y al necesitado saca del muladar,
para sentarlos con príncipes, con los príncipes de su pueblo.
Hace habitar en casa a la mujer estéril, gozosa de ser madre de hijos. ¡Aleluya!